En la última experiencia enteogénica que viví, tuve la increible oportunidad -y la suficiente claridad mental- de poner en práctica ciertas técnicas que me ayudaron a aprovechar la comunión con la medicina ancestral*, dando un resultado antes ya experimentado: la disolución o muerte del Ego -entendida también como muerte psicológica o disolución del Yo- y la posterior experiencia extracorpórea.
Una de estas técnicas fue entonar el mantra «Om» justo en el pico de la experiencia, manteniendolo como una vibración que recorría todo mi cuerpo. Esto no sólo me ayudó a apaciguar el caudal de pensamientos distractores que en un momento inevitablemente me asaltaban -¿Estoy muriendo?, ¿Acaso me he vuelto loco?, y así sucesivamente- , también me llevó a la justa vibración donde el vuelo chamánico de la mente toma lugar.
Hace un par de días encontré en una librería una edición de las Upanishads, y eso me hizo recordar que en uno de ellas, el «Mandukya Upanishad» -la más breve de todas pues consta de solo 12 versículos en prosa- se habla sobre la correspondencia de la sílaba sagrada Om y los estados de conciencia. Aquí lo comparto:
I
La sílaba Om es todo porque todo lo que fue, es y será es, en verdad, Om.
incluso aquello más allá del tiempo triple es Om.
II
Todo esto es, en verdad, Brahman. El ser cuadripartito es, también, Brahman.
III
La primera parte es Vaisvanara, el estado de vigilia del conocimiento exterior,
con 7 miembros y 19 bocas, que experimenta los objetos groseros.
IV
La segunda parte es Taijasa, el estado de ensoñación del conocimiento interior,
con 7 miembros y 19 bocas, que experimenta los objetos sutiles.
V
Cuando el que está dormido nunca desea el deseo, ni ve ensueños, eso es el sueño profundo.
La tercera parte es Prajña, el estado de sueño profundo, cuando el ser es uno y la conciencia
una masa indiferenciada que consiste en felicidad y experimenta felicidad y cuya cara es pensamiento.
VI
Este es el señor de todo, el conocedor de todo, el gobernante interno, la fuente de todo,
el origen y el fin de todos los seres vivientes.
VII
El alma que debe ser comprendida es considerada el cuarto estado.
No conoce objetos internos ni externos ni los dos simultáneamente,
no es una conciencia indiferenciada, no conoce ni desconoce.
Es invisible, inefable, intangible, sin características, inconcebible, inexplicable,
la esencia de la creencia en un ser, el fin de la diversidad, pacífica, auspiciosa, no dual.
VIII
Este alma suprema e inmortal es la palabra Om.
Es el sonido supremo, sus partes son sus elementos y sus elementos sus partes:
la letra A, la letra U, y la letra M.
IX
El estado de vigilia llamado Vaisvanara es la letra A, el primer elemento, encontrado en alcanzar y aventajar.
Quien sabe esto, en verdad, alcanza todos sus deseos y aventaja a todos.
X
El estado de ensoñacion Taijasa es la letra U, el segundo elemento, encontrado en usufructuar y unidad. Quien sabe esto, en verdad, usufructúa la continuidad del conocimiento y logra la unidad.
Nadie nace en su familia que no sea conocedor de Brahman.
XI
El estado de sueño profundo llamado Prajña es la letra M, el tercer elemento, encontrado en medida y mezclar.
Quien sabe esto, en efecto, mide todo y se mezcla con todo.
XII
El cuarto estado es Om, indivisible, inefable, el fin de la diversidad, auspicioso, no dual.
La palabra Om es, en verdad, el alma. Quien esto sabe fusiona su alma con el alma universal.
En el libro «Upanishad Vahini/La esencia del conocimiento Védico» escrito por Sathya Sai Baba -donde éste reflexiona sobre el mensaje de las primeras once Upanishads-, se dice que:
«El Alma es como el Akasha o Éter: lo permea todo. Parece estar confinado dentro de ciertos límites, como un recipiente o una habitación, y entonces puede hablarse de él como algo individualizado. Sin embargo no es verdad que tenga dicha limitación. También el cuerpo es el recipiente que limita al espacio encerrado en él según todas las apariencias. No hay ninguna diferencia básica entre el espacio en el recipiente y el espacio de afuera: retiren el factor limitante y serán Uno solo.
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Llegar a saber que el Alma, que es la meta de la realización, carece de sueño, de nacimiento, de nombre, de forma, etcétera, que es eternamente resplandeciente en sí mismo, equivale a trascender todas las agitaciones de la mente. El intento de dominar la mente sin ayuda de la discriminación o de hacerle ver al hombre la irrealidad de los objetos de los sentidos equivale al intento de vaciar el océano con una brizna de hierba...es algo tonto e infructuoso. Afínquense en la convicción de que el mundo es una ficción, y sólo entonces podran aspirar a la paz y la seguridad.»
*Ayahuasca/Yagé